Samahia

¡Mujer Volcán, Fuego Enraizado…!

El llamado de la Madre Tierra y el lugar donde nacimos

En estas líneas quiero compartir parte de mi propio camino y de la inmensa sabiduría ancestral que posee la Madre Tierra, sabiduría que poco a poco se va despertando en cada uno de nosotros cuando decidimos ir a su reencuentro, cuando nos atrevemos a buscarla en aquellos lugares muy sagrados, alejados de las urbes, tan puros y misteriosos, donde el agua, la tierra, el aire y el fuego danzan en perfecta armonía y se equilibran mágicamente creando preciosos paisajes.

Confío que camino sirva de guía e inspiración para que otras almas vayan al reencuentro del Equilibrio de sus dos polaridades a través del peregrinaje sobre nuestra Madre Tierra.

En este momento todos, sin excepción alguna,  tantos hombres como mujeres estamos en el “deber” de escuchar ese llamado que nos está haciendo el planeta, para reconectar con esa sabiduría que está impregnada de forma sutil y poderosa en los lugares de poder , quizás una energía tan ancestral y a la vez tan nueva que nunca antes la hemos sentido con tanta fuerza hasta que ha llegado este tiempo; una energía de absoluta creación desde una estado de conciencia más elevado y en conexión con nuestro hogar llamado Tierra; es así como lograremos crear nuevos paradigmas, nuevos proyectos, nuevas hermandades y nuevos mecanismos para revertir el efecto que le hemos causado al planeta… una energía de completa “renovación”, una nueva forma de crear alternativas y soluciones desde planos más elevados.

Hoy la Madre Tierra, Pachamama, Gaia,  nos hace un llamado especialmente a las mujeres para recuperar nuestro lugar, nuestra feminidad, nuestra paciencia, nuestra maternidad, todo lo que nos hace Ser Mujeres de Verdad, Hijas de la Tierra y dadoras de vida, Embajadoras de Paz, Guardianas del Fuego del Hogar.

Para poder reestablecer la Energía Sagrada Femenina en el planeta debemos comenzar por nosotras mismas y eso requiere una profunda reconexión para despertar otro estado de Conciencia que nos vincule a la Madre Tierra, eso es lo que yo llamo Enraizamiento (mas info aquí).

Parte de esta consciencia nos lleva, a en algún momento cuestionarnos y descubrir porque elegimos ese lugar para nacer, pues esa es la esencia que tenemos y que también nos dará las herramientas para potenciar y fortalecer nuestra misión de vida.

En mi caso por ejemplo nací en la falda de un volcán activo, al sur de Colombia, cordillera andina y parte del territorio del Tahuantinsuyo, en la época de los Incas y de Tiahuanaco como origen. Yo elegí nacer en la montaña de Fuego llamada Urcunina para mis ancestros.

Cada uno de nosotros nace en un lugar donde predomina algún elemento y eso nos hace especiales.  ¿Y tú, donde elegiste nacer? ¿Qué caracteriza el suelo sagrado donde viniste a esta experiencia humana?

Volcán Urkunina donde naci en Colombia, Coordillera de Los Andes

 

Una Mujer Masculina y muy herida

El masculino herido es algo muy común en la mujer moderna, y lo voy a explicar de forma muy sencilla lo que para mí significa según mi propio camino y experiencia: esto significa ser portador/a de una Energía muy marcada masculina desequilibrada, con tendencia de dominio, poder, competencia, opresión, es decir lo que vemos en el mundo hoy, tanto en hombres como en mujeres.

En el caso de una mujer puede manifestarse por haber sido maltratada y/o abandonada en su niñez, cuando desde pequeña fue obligada a asumir roles de responsabilidad y sustento, y también puede haber sufrido abusos físicos y emocionales; cualquier que sea el origen, en la adolescencia se comienza a generar una personalidad muy fuerte masculina manifestando limite, autoridad y rigidez.  Esto de alguna manera se manifiesta buscando protección para que esos eventos de la niñez no se vuelvan a repetir,  así   que para “garantizar su propio desarrollo y aparente bienestar” se masculiniza, dando como resultado una mujer totalmente independiente, autónoma, perfeccionista, que cuida y vigila por todos y todo, que controla, que sabe lo que le conviene a cada uno de su alrededor, que no descansa y si descasa se siente mal; en muchas ocasiones se rechaza las tareas y oficios femeninos.

Siguiendo este patrón, la mujer con el masculino herido en lugar de apoyar a la mujer débil, la rechaza y la aparta, y cuando aparece otra mujer débil, compite con ella y se ve retada. En el caso de los hombres también se manifiesta de la misma manera, solo he querido ser enfática en mi propia experiencia.

En unas pocas líneas me he descrito como yo era antes, me falto mencionar que para equilibrar esta masculinidad energética me vestía muy sexy y provocadora, bien maquillada, con un exterior aparentemente femenino pero que en esencia era vacío por falta de mi propia aceptación como mujer… todo esto queriendo mostrar algo que equilibre mi Ser Femenino, pues siempre me sentía dividida, por una parte mostrarme tan fuerte y en mi interior pidiendo que alguien me sostenga pero incapaz de expresar lo que de verdad sentía, por miedo a verme vulnerable, débil y buscando protegerme para que no me vuelvan a hacer daño.

El Enraizamiento cambió mi vida

Así fue como mi vida cambió por completo, el día que hice un enraizamiento ceremonial. Ese día todo cambió, lo dejé todo y me dediqué a sanar, pues estaba muy enferma física y emocionalmente, sin dinero y nada me llenaba. Escogí con el corazón un lugar de poder del planeta localizado en Canadá y allá me fui a vivir.

Después de aprender a creer en la Madre Tierra/Naturaleza y a re-establecer mi conexión y comunicación con ella, lo primero que ella me enseño fue a despertar mi propia esencia femenina, y aunque no sabía nada de nada fui guiada por mis raíces, es decir mi sentir estaba conectado con ella; comencé primero por abrir un camino de sanación conmigo misma que duro un buen tiempo, y luego la Tierra me enseñó a convertir esa sanación en una misión de vida al servicio de la humanidad.  Fue entonces cuando comencé una ardua, muy dolorosa pero fructífera reconexión con mis ancestras, con mi madre biológica, con mi matriz (útero) y con mi cuerpo celular.

Estar en contacto con la Energía Femenina es volver literalmente al origen, cuando hablo de origen me refiero a la “madre” en todo el sentido literal y energético de la palabra. Madre/Maternidad no solo hace referencia a dar a luz hijos físicos, sino que habla de potenciar aspectos como: la paciencia, la tolerancia, la protección, la capacidad de escucha, la cíclicidad, el descanso, el misterio, la quietud, la fluidez, la vida… Todas ellas cualidades de lo que representa La Energía Sagrada Femenina y a la Madre Tierra, pues ella es la fuente de todo esto que acabo de mencionar.

El Gran Poder Femenino

Luego de recorrer casi 2 años y medio las profundidades mismas de la Tierra y de mi cuerpo, y aunque no fue nada fácil, al fin pude reconectar con esa Esencia Femenina que algún día ni siquiera pude imaginar tener en mí y en mi vientre. Lo hice recorriendo un centenar de lugares en el planeta, allá donde sentía el llamado de la Gran Madre, dediqué y dedico cada instante de mi vida a ello.

Cuando estaba lo suficientemente femenina y estable, la Madre Tierra me convoco a sanar mi lado Masculino desde este nuevo estado de consciencia femenina y firmeza telúrica (tierra); con el poder femenino que ahora tenía, debía enfrentarme a esa “herida” para finalmente dejar de huir de mi misma y ser libre.  Sanar el Masculino hace referencia a sanar al Padre y a todos los hombres de nuestra vida, (hijos, hermanos, parejas, amigos) y el vínculo primordial Solar (Padre), re-establecer la Pareja Sagrada libre de patrones y creencias.

Equilibrando Mi Energía Masculina

Por mi propio caminar y por la misma sabiduría que la Madre Tierra me ha transmitido, es muy difícil sanar nuestro Energía Masculina si no estamos “enraizados”, y si no estamos enraizados, la energía femenina no se puede potenciar.

La Energía Masculina en armonía debe estar al servicio de lo Femenino Sagrado, si no hay raíces y Tierra no hay a quien servir ni proteger.

Sanar nuestra energía masculina requiere poder para desplegar todo ese poder que has recuperado a través de la Gran Madre, reconectar con la esencia de esa sabiduría y ese misterio que solo se halla en lo Femenino y en el planeta.

Ser una Mujer Femenina es una Mujer Enraizada, nos desvela una Mujer diferente y quizás una que jamás pudimos imaginar a creer que existiera. Es capaz de pedir perdón y perdonar más allá del dolor y el sufrimiento, es capaz de soltar y respetar que las decisiones del otro no me incluyan, es capaz de quedarse quieta y permitir que todo se reacomode solo, es capaz de renunciar sin lamentar aquello que le hace daño.

 Y así fue, y aunque dolió mucho de nuevo, mi masculino se equilibrio, y se equilibró para hoy estar al servicio de mi Ser Mujer y mi Feminidad Sagrada y por consiguiente de la vida, de la paz y del planeta mismo.

Volviendo a casa, al nido, al origen, a las raíces, al padre/madre biológicos, a la niñez

Y así fue como después de esta labor intensa y en soledad, un tiempo profundo de integración de mis dos energías primordiales, volví al lugar donde elegí nacer, a mi Volcán, pero esta vez libre de heridas, de huidas, de reclamos, volví con el corazón abierto y con ilusión.

Durante años recorrí el mundo buscando algo que tenía desde que nací pero que jamás vi…  durante años viajé reconociendo otras culturas y otros paisajes para darme cuenta que siempre los tuve en mi cuerpo…  pasaron años que cuando volví esta vez, se integraron en un “solo instante”; agradecí, reconociendo y sabiendo porque decidí nacer aquí, agradecí por la fuerza del volcán que ayudo a parirme y que cargo mis células con su fuego, agradecí por el valle verde que me dio todo para crecer.

¡Fue entonces, como a partir de esto, mi fuego interno, ese que un día se volvió a encender cuando aprendí a enraizarme, se potencio!  ¡Se enraizó aún más profundo! Mis raíces se anclaron desde una consciencia superior al planeta y mi misión desplego una visión más amplia, más libre, más poderosa. Entonces reconocí que todo lo que tengo ahora no es mío, es para compartirlo, para utilizarlo de forma consciente para servir al bien, a la paz y a amor.

La integración de estas dos energías en equilibrio y balance han hecho que el camino por donde transito sea más ligero y he aprendido a compartir mi fuego con otros seres, con otros proyectos para potenciarlos e impulsarlos.  Aprendí a reconocer y utilizar mi Alquimia Sagrada presente en mi Matriz (útero), y al fin entendí que la Tierra y Yo somos las manifestaciones de Amor del creador.

Hoy que redescubro mi fuego y su origen, “mi origen”, descubrí que soy una Mujer Volcán, que esa esencia ígnea que me otorgo la Madre Tierra al nacer aquí, no me pertenece, sino que es algo que ella me dado para servir y utilizar la Luz de forma consciente.  Nunca más voy a volver a quejarme de mi fuego, de mi fuerza, de mi poder, solo que ahora seré cauta y consciente de no quemarme con mi propio fuego ni tampoco quemar a nadie. Reconocí que ese fuego es una manifestación de mi Energía Masculina que hoy está sana y equilibrada para servir solamente al Plan Mayor y al propósito de mi alma: SERVIR AL FEMENINO SAGRADO.

Ser Mujer Enraizada, me permite Ser una Mujer Volcán, Mujer Fuego, con un fuego equilibrado y balanceado, consciente y amoroso al servicio de la Madre Tierra. Este fuego que llevo en mis células hace también que yo pueda seguir aprendiendo y acelerando mis propios procesos personales y que pueda manifestar y alquimizar muy rápidamente…. Me ha enseñado a potenciar la Sabiduría de Mi Matriz (útero) que es la Sabiduría de nuestro precioso planeta.

¿Y qué sucede con los otros elementos? Todos los seres humanos estamos compuestos de los 4 elementos, el agua, el aire, la tierra y el fuego, más la consciencia.  Estar enraizado te permite reconocer que alquimia posees por el lugar que elegiste para nacer. y así potenciar lo que te fue otorgado para cumplir tu misión en este Planeta llamado Tierra.


Escrito por: Samahia.

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