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¿Por qué los Hombres huimos después de conquistar a las Mujeres?

¿A qué Mujer no le ha ocurrido que, después de toda esa danza hiperbólica y desenfrenada de apareamiento, de halagos, de atenciones y detalles exquisitos, una vez el Hombre ha conseguido su objetivo, éste se cierra o, en el peor de los casos, huye y desaparece? Sólo existe una respuesta a esta cuestión que no sólo se plantean las Mujeres. Nosotros, como Hombres, también nos lo preguntamos constantemente. Y la respuesta es: MIEDO. Pero vamos a profundizar más en este aspecto, ya que existen diferentes causas para que se despierte el archienemigo del Amor y la Libertad.

Los Seres Humanos nos movemos principalmente por una serie de impulsos y estímulos que se accionan gracias a las hormonas, los neurotransmisores y las feromonas.

En nuestro caso, nosotros destilamos una gran cantidad de hormona masculina llamada testosterona y, entre muchas otras cosas, esta hormona nos vuelve primitivos por mucha consciencia y sensibilidad que tengamos. Dicho de otra manera: existe una parte muy instintiva y ancestral en los Machos que nos empuja a conquistar a las Hembras para mantener el linaje de la estirpe, de la tribu, de la manada. Y esto, obviamente, ocurre a un nivel inconsciente. Lo único que sabemos es que sentimos un impulso irracional por conocer a esa persona, llegar hasta ella en lo más íntimo, seducirla y conquistarla para, finalmente, hacerla “nuestra presa” y procrear. Lo remarco entre comillas porque, por muy doloroso que sea admitirlo, es lo que ocurre en nuestro organismo a nivel instintivo: desprendemos miles de millones de feromonas, sacamos pecho y nuestra mejor sonrisa y comenzamos la Danza del Apareamiento a ver quién la tiene más larga, perdón, a ver quién es más guapo, más fuerte, más alto, más listo, más todo. En la Naturaleza, los Machos compiten entre sí para tratar de conquistar a la Hembra. Y por mucho que la Humanidad haya tratado de desmarcarse de los Animales y de la Naturaleza, es lo que somos: Animales Humanos con una Naturaleza Instintiva. Sólo que nosotros confundimos el instinto procreador con deseo y atracción sexual, que a su vez confundimos con el Amor. Lo cual, obviamente, no es excusa ni nos da derecho ni vía libre para comportarnos como primates, faltaría más.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando la Mujer, confiada, abre su Corazón y su Alma y se entrega a su Príncipe Azul? Que, simple y llanamente, el Hombre se convierte en un sapo insensible y desagradable (Sí, sí. Los Cuentos de Hadas son simples metáforas para explicar de una manera ornamental lo que ocurre en realidad). Y esto puede ocurrir por varias razones. Vamos a tratar de explicarlas, aunque hoy sólo me centraré en una:

1- Miedo a herir y/o decepcionar a la Mujer.

Aunque muchas no lo crean, los Hombres también tenemos emociones, sentimientos y sensaciones, y deseamos encontrar a nuestra Pareja perfecta. Y en esa búsqueda de nuestra Princesa experimentamos con diferentes personas, ¿o es que acaso vosotras no hacéis lo mismo y experimentáis con diferentes Hombres hasta que encontráis a vuestro Príncipe? Sin embargo, en ese afán, en ese anhelo, en ese deseo de encontrar a nuestro complemento perfecto, cuando al fin nos vuelve la sangre al cerebro -porque, reconozcámoslo, la sangre se nos va a otra parte y no es una metáfora, es la realidad-, dejamos de comportarnos como Animales Primitivos y empezamos a pensar y sentir con claridad como Animales Sentipensantes que somos. Y es entonces cuando nos damos cuenta de que ella tampoco es nuestra “Princesa Encantada”. Después del subidón de neurotransmisores tales como la Oxitocina (Amor, Placer, Euforia…), Serotonina (Líbido, Calor, Alegría…) y Dopamina (Inhibición, Deseo, Recompensa…), viene el bajón y vemos la realidad sin adornos, garantizado. Así que, los Hombres, conscientes de que hemos mancillado la Sacralidad de las Mujeres, de pronto nos damos cuenta de que no es perfecta y que no está hecha para nosotros, nos asustamos porque pensamos que ella espera algo que no podemos ofrecerle y nos cerramos, huimos, nos retiramos porque tenemos miedo de que se enganche más y le hagamos todavía más daño. Ya la hemos cagado… otra vez. Y como los Hombres arrastramos el estigma del perpetrador, del insensible y del cazador, cuando nos cerramos de manera INVOLUNTARIA, la Mujer arremete con dureza contra nosotros y nos sentimos terriblemente culpables, haciendo que se nos cierre todavía más el Corazón y alejándonos más si cabe. Es decir, en vez de respetar el espacio, la tranquilidad, la soledad y el silencio que necesitamos para ordenar nuestras emociones, pensamientos, sentimientos y sensaciones, nos acusan, nos atacan, nos gritan, patalean y acribillan a llamadas y mensajes. ¿Pero es que no os dais cuenta de que comportándoos de esa manera estáis logrando justo lo contrario a lo que os proponéis? ¿Que nos agobiáis, estresáis y saturáis a unos niveles difíciles de soportar? Así no vais a conseguir que nos abramos y acerquemos más a vosotras, os lo garantizo. Tenéis que aprender a respetar los ritmos y procesos de los Hombres sin agobiarles. Es un consejo. Más de la mitad de las parejas seguirían juntas o comenzarían una Relación si no fuera por la falta de respeto a los tiempos y procesos de cada parte. Porque, a veces, los Hombres sí que hemos visto en ella a la Mujer con la que queremos pasar el resto de nuestros días, pero necesitamos tiempo para reflexionar, sentir, ordenar y asimilar todo lo que nos ha removido darnos cuenta de que hemos encontrado a la persona correcta.
Este hecho es aún más agravante cuando creemos que ella nos quiere en su vida para el resto de nuestros días. Veréis. Los Hombres, en general, sentimos, irónicamente, un gran apego hacia la Libertad y recelamos mucho de entregársela a la Mujer que no nos haga sentir plenamente, Corazón, Cuerpo y Espíritu convencidos de que es Ella, la Diosa, y no otra, la Mujer… con la que queremos pasar el resto de nuestros días. Creemos que, en el momento en que nos atemos a una Mujer, se terminarán nuestros días de gloria, de aventuras, de viajes, amigos, juergas y armonía.

En fin, creemos que dejaremos de ser nosotros mismos y que a partir de ese momento nos convertiremos en una extremidad más de ellas.

Muchas Mujeres, aun cuando no son conscientes de ello, ven a los Hombres como meros trofeos a quienes cazar (sí, ellas también cazan), cortar la cabeza, colgar en la pared del salón y presumir de su presa. Y cuando sentimos el frío acero de la espada que está diestra para cortar nuestras alas y meternos en una jaula (así es cómo nos sentimos), tratamos de escapar como sea.

Y si toda esta amalgama de causas y efectos, acciones y reacciones no fueran suficientes, cuando aparece el Amor puro y sincero de la Mujer hacia el Hombre pero no de una manera recíproca, entonces la cosa se complica todavía más:

Vemos en sus ojos la luz brillante del Amor y del enamoramiento, y, a través de su mirada, podemos percibir todas sus ilusiones, sueños y deseos para con nosotros. De pronto, sentimos la sombra de la cuerda que nos quieren echar encima, el peso del apego, de la expectativa, de la dependencia, de la presión y la pretensión, del amarre y la idealización… y nos ahogamos, nos asfixiamos, nos acojonamos.

Sentimos tanto miedo de decepcionar a la Mujer, a que nos vean tan frágiles y vulnerables, a ver sus ojos llenos de lágrimas y que comiencen a sollozar porque la hemos decepcionado que, simplemente, a veces somos incapaces de soportarlo y salimos corriendo para no afrontar la triste realidad. Porque no existe cosa más traumática y dolorosa para un Hombre que ver llorar a una Mujer, os lo aseguro.

Os voy a contar un secreto: todos los Hombres, sin excepción, sentimos en nuestro fuero interno un profundo deber de protegeros, no porque pensemos que no os valéis por vosotras mismas sino por admiración y sentimiento nato de protección. Algunos somos más conscientes que otros pero, en realidad, todos sentimos ese deber con la Mujer de una manera instintiva, de nuevo, para garantizar la perpetuación de la especie. En una manada de cualquier especie de Animales, las Hembras y los cachorros son lo más importante. Y cuando caemos en la cuenta de que el perpetrador, el agresor, el demoledor, el hiriente, el cabrón de quien hay que protegerla es de uno mismo, se nos cae el Alma al suelo y se nos cierra el Corazón ipso facto. ¡Pum! Que lluevan los dramas… Ésa es la triste y desgarradora realidad de los Hombres que aman a las Mujeres pero cierran su Corazón.

Obviamente, siempre existen matices en cuanto al miedo de herir a la Mujer y cada Hombre es un mundo como cada Mujer también lo es. Y las historias varían entre sí. Pero, a grandes rasgos, en resumen, en general, esto es lo que ocurre principalmente cuando un Hombre ha conquistado a la Mujer equivocada, ¿o será al revés?

2- Miedo al Rechazo, al Abandono y a la Traición.

Sí, Mujeres. Los Hombres también nos hemos sentido rechazados, abandonados y traicionados alguna o varias veces en nuestra vida. Y sabemos lo duro, doloroso e insoportable que puede llegar a ser sentirse así de nuevo, sobre todo para el Ego, tanto masculino como femenino. Por eso, a veces, no siempre, algunos Hombres prefieren rechazar, abandonar y traicionar antes de que se lo hagan a ellos. Es cuestión de supervivencia. Si sentimos que esa Mujer está llamando a nuestro Corazón y que puede atravesarlo sin problema hasta llegar a nuestra Alma, nos cerramos, es decir, nos protegemos. No queremos volver a sufrir y en el fondo de todo Hombre Herido que todavía no ha sanado su Corazón, sabemos lo frágiles, débiles y vulnerables que podemos llegar a ser. Sólo nosotros conocemos nuestras sombras y defectos, y tenemos la sensación de que si os dejamos entrar en nuestra intimidad más profunda, descubriréis que ese Hombre fornido, seguro de sí mismo, alegre, divertido, fuerte y extrovertido, esconde un gran secreto: tiene miedos, baja autoestima, inseguridades y una carencia brutal de Amor propio.

3- Miedo al Apego y a la Dependencia Emocional.

Este miedo es común tanto en Hombres como en Mujeres. Los Seres Humanos, como Animales Gregarios que somos, necesitamos relacionarnos con nuestros semejantes para sobrevivir, o al menos así estamos programados a nivel genético en nuestro ADN, es decir, en nuestro subconsciente pues, aunque hoy en día se pueda vivir perfectamente en completa Soledad, hay algo muy profundo, instintivo y ancestral que nos empuja a relacionarnos para no sentirnos rechazados, excluidos, aislados, solos. Y ese algo son nuestras Memorias Celulares, las cuales “recuerdan” que hace cientos de miles de años, la Soledad, el estar separado, apartado, alejado de la tribu, de la manada, significaba una muerte garantizada. En estos ciento y pico mil años de edad que tenemos los Homo Sapiens (aunque los últimos hallazgos arqueológicos datan nuestra edad en 300.000 años), los Seres Humanos no hemos evolucionado nada. Sí, hemos adquirido una gran cantidad de conocimientos y hemos hecho grandes descubrimientos y avances tecnológicos, pero seguimos destruyendo la Naturaleza, nuestro Hogar, extinguiendo a más de 150 especies de Animales cada día (asesinando a más 250.000 millones de Animales cada año para consumo humano), y matándonos entre nosotros en una guerra interminable entre hermanas y hermanos. Por tanto, nuestra parte más Animal, Instintiva y Primitiva tanto en Hombres como en Mujeres sigue tan despierta como hace cientos de miles de años, aunque en algunas personas es más evidente que en otras, claro. Y siguiendo con el hilo conductor de este punto, como decía, los Seres Humanos nos hemos vuelto emocionalmente dependientes y apegados de las personas que amamos, de las cuales nos sentimos enamorados o por las que simplemente sentimos una gran estima y consideración porque tenemos miedo a estar solos. O lo que es lo mismo: tenemos miedo a nuestra propia compañía. En este contexto, muchos Hombres tienen miedo de generar ese apego y dependencia emocional en la otra persona. Y con las nuevas tecnologías y la facilidad de comunicación que nos ofrece el mundo virtual para relacionarnos a cualquier hora y casi desde cualquier punto del planeta, el apego y la dependencia emocional se han virilizado en el Corazón de los Seres Humanos. Muchas personas se agobian y aborrecen profundamente el estar conectadas a todas horas y con todo el mundo mediante el móvil y las redes sociales. Y es por eso, por ese miedo al apego y a la dependencia emocional (y virtual), por la que muchos Hombres aparentemente se cierran y huyen de la comunicación, o mejor dicho, de la mensajería instantánea, que es la comunicación moderna de hoy en día. Incluso me atrevería a decir que quizás sea más un miedo al apego y la dependencia virtual que emocional. Ahí lo dejo.

4- Miedo a Perder el Control.

En general, no todos, los Hombres somos muy cobardes para afrontar ese huracán, tsunami, terremoto y volcán que puede provocarnos una Mujer, ya que tememos perder el control, nuestro Yo, nuestro Ego: esa falsa seguridad y confort que creemos que sentimos. Cuando un Hombre se entrega en Mente, Cuerpo, Corazón y Espíritu a una Mujer, en realidad puede llegar a sentirlo como una Ofrenda a la Diosa, como un Sacrificio de Amor a lo Divino, aunque de una manera totalmente inconsciente, claro. En ese momento, nuestra atención, intención, pensamientos, acciones, emociones y sentimientos pasan a ser propiedad de la Mujer, no exagero. Nos volvemos obsesivos con la Mujer que amamos y se apodera de todo cuanto somos y sentimos. Un Hombre que no haya trabajado su fortaleza interior, la seguridad en sí mismo, el Amor propio, la autoestima, la dignidad, etc, puede perder el control y deshacerse por completo en la Mujer que ama, perdiéndose a sí mismo. A veces, simplemente, no nos sentimos preparados para semejante entrega.

5- Miedo a No Dar la Talla.

El miedo a no dar la talla está intrínsecamente relacionado con el segundo miedo. Nos han metido tanto en la cabeza cómo se supone que ha de ser un Hombre de Verdad, que ya no sabemos ni quiénes somos, y lo que es un peor, adoptamos un estereotipo de macho-pecho-peludo dominante que en realidad no encaja con nuestra auténtica forma de ser y sentir. Adoptamos un rol, un personaje, un estereotipo socialmente aceptado. Y tememos que, si se adentran en nosotros, puedan descubrir que no somos como aparentamos, que somos mucho más frágiles y vulnerables de lo que parecemos. Creemos que si descubren nuestra verdadera identidad nos rechazarán, nos abandonarán, nos traicionarán, nos humillarán. Y el Ego Masculino ejerce mucho poder sobre nosotros.

6- Miedo a que se Juzgue y Cuestione nuestra Hombría.

Muchos Hombres piensan que su masculinidad depende de su falo, de su sexualidad, de su “follabilidad”. Algunos Hombres inseguros de sí mismos y con poca autoestima, enfocan todos sus recursos en su físico y sex appeal. Al atraer sexualmente a las Mujeres, tienen la falsa sensación de superioridad frente a otros Hombres. Y de esta manera se sienten más seguros de sí mismos, alimentando su ego aunque no su Amor propio ni su Dignidad. Muchos Hombres han crecido con la idea terriblemente equivocada de que la Mujer es un objeto sexual, de que cuantas más Mujeres se acuesten con él, más Hombre es, y de que cuanto más bruto sea en la cama, más Macho es. La mayoría de los Hombres se han empapado del porno como la única “educación sexual” que han conocido, donde las Mujeres son, en la mayoría de los casos, vejadas y sometidas por el Hombre. De esta manera, muchos Hombres creen que a la Mujer hay que fornicarla duramente como símbolo de superioridad masculina (lo sé, es asqueroso, terrible y denigrante, pero es la tediosa realidad que debemos empezar a encarar si queremos cambiarla), lo que en ellos genera, de nuevo, miedo a no dar la talla, es decir, a que su pene sea percibido como pequeño, a que no sean lo suficientemente duros emocionalmente y machotes, a que tengan poco aguante en las Artes Amatorias, etc, etc, etc. En resumen, se podría decir que muchos Hombres creen que el Macho Ibérico es el ejemplo a seguir, el prototipo de Hombre ideal, el único referente masculino que han conocido en su vida. Y con esta perspectiva neandertal sobre la Masculinidad, cualquiera puede imaginar lo abocadas al fracaso que están las relaciones entre Hombres y Mujeres. Triste pero cierto.

7- Miedo al Compromiso.

Seguramente sea éste el miedo más extendido entre los Hombres. ¿Cuántas veces ha ocurrido esto? Mujer conoce a Hombre, Hombre le entrega todo su Corazón y toda su Alma, ríen, lloran, se abrazan, acarician y besan con tanta ternura, sensibilidad, delicadeza y complicidad, que sienten que se aman… Llegan a una intimidad tan profunda y a una conexión tan elevada, que ambos se sienten enamorados. Miradas cómplices, sonrisas sinceras, dulzura aterciopelada, sentimientos de pertenencia, de entrega, de apertura, de confianza… Y, de pronto… ¡plof! El castillo de naipes se derrumba y llega el triste final del Cuento de
Hadas. ¿Por qué? ¿Por qué ocurre este aciago desenlace si ambos se aman y se sienten tan a gusto y cómodos el uno con el otro?

Como decía en la primera parte del artículo, los Hombres sentimos un gran apego hacia la Libertad y recelamos mucho de entregarla. Para nosotros, la Libertad no significa, como muchas pensáis, Libertad Sexual. No, no se trata de eso. Se trata de que los Hombres necesitamos, como vosotras, sentirnos soberanos de nuestra propia vida. Y sin querer generalizar, claro, muchos Hombres sienten que, cuando se entregan plenamente, Cuerpo, Corazón y Espíritu a una Mujer, ella pasa a ser la controladora, gestora y manipuladora de su vida, es decir, de la vida del Hombre. Siempre hablando en términos generales aunque nunca haya que generalizar, claro, la Mujer tiende a controlar y manipular al Hombre, que en esta sociedad patriarcal en la que vivimos siempre se ha sentido libre de hacer lo que quiera y cuando quiera, cosa que la Mujer, en cambio, no ha sido así del todo.

Partiendo de la base de que la Mujer primero fue controlada por sus progenitores, luego por el adoctrinamiento que se ejerce en el Sistema Educativo (otro tema del qué hablar), por la televisión, la música, las modas, la sociedad, la cultura, la religión, la tradición, etc, la Mujer, cuando se vuelve soberana de sí misma, tiende a gobernar, sin querer y sin ser consciente de ello, la vida del Hombre que la acompaña. Este hecho tiene mucho que ver con las Heridas Femeninas de abuso de poder que el Hombre lleva ejerciendo sobre ellas desde hace cientos de miles de años. Al fin y al cabo, es lógico que, después de todas las canalladas que les hemos hecho y del estigma (justificado o no) que arrastramos los Hombres, desconfíen de nosotros y quieran controlarnos para no repetir patrones de engaño, traición e infravalorización, es decir, de las heridas que todavía no han sanado, aunque no es excusa ni justificación alguna para que lo hagan, claro, ni es así en todos los casos, obvio. Por otra parte, como decía en el punto 3, el Hombre que no se ha empoderado y trabajado a sí mismo es mucho más susceptible de dejarse arrastrar por la indomable Corriente del Amor y perderse en su Compañera de Vida, convirtiéndose en un Hombre manipulable, sometido y controlado por la Mujer (aplíquese también al revés). De ahí, también, el miedo al Compromiso y a perder la Libertad.

La Libertad es para los Hombres lo que el Amor es para las Mujeres. Y, paradójicamente, los Hombres sentimos que el tributo que nos exigen las Mujeres a cambio de su Amor es nuestra propia Libertad, sin comprender que el Amor sólo puede crecer y madurar si se basa en la liberación mutua, mientras que los apegos y las dependencias emocionales de todo tipo se basan en el miedo, que es justo lo contrario del Amor y la Libertad. ¿Se entiende? Una persona, sea Hombre o Mujer, jamás podrá amar de verdad si no se siente libre para hacerlo. La Libertad es el alimento del Amor mientras que el apego y la dependencia son el alimento del miedo, destructor del Amor y la Libertad. Paradójico, ¿verdad?

Como veis, Mujeres, cada Hombre es un mundo y tiene mucho trabajo interior que realizar por delante. Sin embargo, no toda la responsabilidad es de los Hombres, ya que hoy en día están cambiando las tornas y muchas Mujeres están adoptando el rol de Lomo Plateado como forma de rebeldía contra el patriarcado. Pero no se puede combatir el machismo discriminando a los Hombres ni se puede dejar de estar sometida sometiendo al otro como tampoco se puede empoderar desapoderando al otro ni se puede hacer más fuerte masculinizándose y ni mucho menos despreciando a los Hombres o desconfiando de ellos simplemente por el hecho de ser Hombres. Las Mujeres también tenéis que trabajaros vuestra Feminidad, vuestros miedos, inseguridades, heridas, apegos, carencias y dependencias emocionales. Y es responsabilidad de todos y de todas que sanemos nuestras heridas, nos liberemos, recuperemos nuestro poder personal desde las raíces y logremos entendernos y respetarnos.
Porque a vosotras jamás os amaremos de verdad mientras sigáis teniendo miedo a la Libertad y nosotros jamás amaremos de verdad mientras sigamos teniendo miedo al Amor.

Y, ya para terminar, insisto en esto: ningún Hombre es igual a otro como ninguna Mujer es igual a otra. Cada persona es un mundo en sí mismo con sus propios procesos, ritmos, creencias, patrones, programaciones mentales, culturales y temporales, y cada quien tiene sus propias heridas, traumas, carencias, idealizaciones, expectativas, miedos, inseguridades y una larga amalgama de características personales e individuales que nos hacen únicos y especiales, Hombres y Mujeres. Por tanto, habrán Hombres que no se sientan para nada identificados con estas palabras, habrán otros que se sentirán del todo identificados y otros tantos que ni fu ni fa. Bien. Del mismo modo, habrán Mujeres que se sentirán identificadas con muchos de estos miedos y otras tantas se sentirán identificadas con la Mujer Víctima del Hombre y con el Hombre Víctima de la Mujer. Y muchos Hombres y Mujeres ni siquiera se habrán planteado jamás estas palabras. Por eso es tan necesario hablar de esto públicamente y generar este debate interno. Porque según nuestro proceso personal, momento de vida, lecciones que aprender, consciencia,sensibilidad, etc, todos y todas hemos sido, somos y seremos cazados y cazadores, perpetrados y perpetradores, víctimas y victimarios, y lo seguiremos siendo mientras sigamos luchando entre nosotras y nosotros por no atrevamos a abrirnos y ser honestos, claros, comprensivos y respetuosos con nosotras y nosotros mismos para poder serlo también con las personas con las que nos relacionamos porque, ante todo, somos Humanos con nuestras imperfecciones, y el Hombre y la Mujer perfecta no existen. Pero sí existe el Amor independientemente de todas las proyecciones que hagamos, y ese Amor Verdadero sólo podremos hallarlo en nuestro Corazón. Por eso este artículo no trata de homogeneizar la visión del Hombre ni la de la Mujer y sí trata de visibilizar un tema tabú que nos está perjudicando a todos y todas y que necesita ser reflexionado, comprendido y sanado de una vez por todas. Y si hablo de los miedos del Hombre y no de la Mujer, que bien seguro también los tiene y los sufre igual que el Hombre, es porque, sencillamente, hablo del género que mejor conozco y que me corresponde: el mío propio.

Y, tú, Hombre, ¿te sientes identificado con alguno de estos miedos? ¿Conoces alguno más? Compártelo en los comentarios. Y para que os desarméis y os atreváis a mostraros poderosamente y Corazón vulnerables, voy a mencionar cuáles son mis miedos, que no son más que heridas aún por sanar o aspectos propios que aceptar: 1, 3 y 7… Aunque también pasé por los miedos 2 y 4. ¿Y qué? ¡Estoy aquí! ¿Me veis? ¡No ha sido tan difícil! No me han salido tetas ni se me ha caído la verga por mostrar mis miedos y vulnerabilidades. ¿Os animáis a hacer lo mismo con vuestras Parejas, Amigas y Amantes, Hombres?

Con Amor, Gratitud y Respeto, Nayum al-Masir.

Nayum Al-Masir

Soy un ser espiritual, humano y animal. Loco sensible e insumiso. Divergente profundo y transgresor. Poeta rebelde y discordante que no se somete a fundamentalismos ni dogmatismos de ninguna clase.